Es lo que parece decirle Sarkozy a Berlusconi, mientras Obama, como si la vaina no fuera con él, mira al frente sin dejar que nada lo entretenga.
El canadiense, a lo suyo, descolgado e inocente, a pesar de que la chica parece que intenta recoger un papel debajo de su zapato.
Las caras de Sarko y Berlusco lo dicen todo. Del primero, que no está empachado de Carla Bruni; y del segundo, que sigue buscando velinas debajo de las piedras.
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